Durante el embarazo, el cuerpo cambia en muchos sentidos y la boca no es una excepción. Los cambios hormonales, las náuseas o los antojos pueden afectar a dientes y encías, y es habitual que surjan dudas sobre si es seguro ir al dentista. La respuesta corta es que sí: cuidar la boca durante el embarazo es importante, y las embarazadas tienen además derecho a atención bucodental en la sanidad pública.
Por qué sangran las encías
El aumento de hormonas hace que las encías reaccionen con más intensidad a la placa bacteriana. Por eso muchas mujeres notan que sangran al cepillarse, sobre todo a partir del segundo mes: es la llamada gingivitis del embarazo. No es motivo para cepillarse menos, sino al contrario: una higiene cuidadosa y una limpieza profesional suelen controlarla. En algunos casos aparece un pequeño bulto rojo en la encía, el granuloma del embarazo, que suele ser benigno y desaparecer tras el parto, aunque conviene que lo valore el dentista.
Náuseas, vómitos y esmalte
El ácido del estómago erosiona el esmalte. Si tienes vómitos, enjuágate después con agua y espera unos 30 minutos antes de cepillarte, para no arrastrar el ácido sobre el diente reblandecido. Una pasta con flúor ayuda a proteger el esmalte.
Antojos y picoteo
Comer con frecuencia, algo habitual en el embarazo, mantiene la boca expuesta a azúcares y ácidos durante más tiempo. Elige tentempiés como fruta, frutos secos, queso o yogur natural, bebe agua y cepíllate después de las comidas principales.
¿Es seguro ir al dentista?
Sí. Las revisiones y limpiezas se pueden hacer durante todo el embarazo. Los tratamientos no urgentes se programan preferentemente en el segundo trimestre, cuando la mujer suele estar más cómoda y se ha superado la etapa más delicada del desarrollo del bebé. Las urgencias, como un dolor intenso o una infección, deben tratarse en cualquier momento: una infección sin tratar es más peligrosa que el tratamiento.
- Anestesia local: los anestésicos de uso dental habituales se consideran seguros en el embarazo en las dosis empleadas en consulta.
- Radiografías: se evitan si no son necesarias; cuando lo son, las de uso dental emplean dosis muy bajas y se realizan con protección.
- Medicamentos: el dentista elegirá los compatibles con el embarazo. No te automediques.
Avisa siempre de que estás embarazada y de las semanas de gestación al pedir cita.
Qué cubre la sanidad pública
Las mujeres embarazadas son uno de los colectivos con atención bucodental en la cartera común del Sistema Nacional de Salud. En Castilla-La Mancha, el SESCAM la presta en las Unidades de Salud Bucodental de los centros de salud e incluye revisiones, limpiezas de sarro y la aplicación de sustancias remineralizantes y antisépticas, entre otras prestaciones preventivas. Pregunta a tu matrona o a tu médico de familia cómo pedir cita.
Pensando ya en el bebé
- Las bacterias que causan la caries pueden pasar de los padres al bebé, por ejemplo al chupar su cuchara o su chupete. Tener la boca sana reduce ese riesgo.
- Los dientes del bebé empiezan a formarse durante el embarazo: una alimentación equilibrada contribuye a su desarrollo.
- La primera visita al dentista del bebé se recomienda al salir el primer diente o, como tarde, al cumplir el año.
Si prefieres una revisión en una clínica privada, en nuestro directorio de dentistas en Albacete puedes encontrar consultas en tu municipio y pedir cita. Para la limpieza y el control de las encías, busca clínicas con higiene dental y periodoncia.
Preguntas frecuentes
¿Es verdad que cada embarazo cuesta un diente?
No. Es un mito. El bebé no «roba» calcio de los dientes de la madre. Lo que sí ocurre es que los cambios en las encías, los vómitos o el picoteo aumentan el riesgo de problemas si se descuida la higiene. Con buenos cuidados, el embarazo no tiene por qué dañar los dientes.
¿Puedo hacerme un blanqueamiento?
Se recomienda posponerlo hasta después del embarazo y la lactancia. Es un tratamiento estético y no hay motivo para hacerlo en esta etapa.
¿Y si necesito una endodoncia o una extracción?
Si es necesaria, se puede hacer, preferiblemente en el segundo trimestre y siempre valorando cada caso. Dejar un diente infectado sin tratar supone más riesgo que el propio tratamiento.















